Ayer hablaba de cómo un guerrero debe irse forjando al calor de las batallas, así también con ejercicios que le ayuden a descubrir y desarrollar sus dones, talentos y habilidades.
Lo mismo nos pasa al ir enfrentando las batallas que se nos van presentando a través del tiempo.
Sin embargo, también un gran guerrero sabe que hay luchas que no se deben enfrentar, ya que en lugar de ser al exterior, son más bien al interior, pues el ego impulsa a responder a cualquier mínima provocación.
Se adquiere la suficiente fuerza de voluntad como para caer en ese error, entendiendo que también es una gran prueba que se debe afrontar, sin engancharse, pues cada quien ofrece lo que hay en su interior, y somos sometidos a toda clase de exámenes y los hay en los que es mejor mostrar templanza y serenidad para salir victoriosos.
Pues esas batallas son ajenas, y es lo que el otro va arrastrando a su paso, por ello debemos analizar si nosotros no estamos cayendo en el mismo error.
Todo sirve, todo abona a nuestro crecimiento, desarrollo y evolución.
Así pues, entendamos que hay batallas que enfrentar al exterior, sin embargo, las más complejas son las que deberemos superar y son las que afrontamos en nuestro interior.
Que la luz de nuestra parte divina nos ilumine para saber qué hacer, qué no hacer, qué pensar y qué lección entender de cada batalla.
Confiemos en que si somos movidos de nuestra zona de confort es porque hay cosas que realizar, evitar, aprender, y es por y para lo que nacimos.
Movamos nuestra fe en Dios y que Él nos guía y protege, tiene el control de nuestra existencia, y no nos pondrá nada que no podamos ni sepamos afrontar.
Así sea.
