VALLE DE SANTIAGO, GTO. — En la comunidad de Santa Rosa Parangueo, la fe hacia Santa Rosa de Lima se mantiene firme a pesar del severo deterioro que amenaza su patrimonio arquitectónico. Aunque registros de 1638 documentan la existencia de una vicaría local, administrada por frailes agustinos, previa a la canonización de la santa peruana en 1671 —lo que deja en duda la identidad exacta de la figura venerada en sus orígenes—, la devoción de los pobladores terminó por arraigarse de forma definitiva en la primera santa del continente americano.
Hoy en día, el legado físico de este culto se encuentra en riesgo. Del primer templo erigido por la orden agustina solo quedan vestigios dentro del panteón local, mientras que la iglesia actual, construida a finales del siglo XIX, de acuerdo a una inscripción en un ventanal del templo, presenta un grave deterioro interior y exterior. Ante esta situación, urge que las autoridades eclesiásticas, el gobierno y el INAH intervengan para restaurar e impedir la pérdida de este inmueble histórico.
A pesar de las fallas estructurales del recinto, la tradición permanece intacta. Cada 30 de agosto, la comunidad llena de vida el templo con el canto de las mañanitas, Sacramentos, Misa Solemne, música de banda y verbenas populares, demostrando que la fe local sigue viva. Es de destacar que este día, es cuando las puertas del templo están abiertas toda la jornada para recibir a los feligreses.


