En Valle de Santiago existió —y muchos vecinos de la vieja guardia aún lo recuerdan— un pequeño espacio dedicado a honrar la memoria de Luis Donaldo Colosio Murrieta en el jardín de la colonia Lindavista.
El jardín de la Lindavista es el corazón de esa colonia. Está frente al Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, que se empezó a construir el 8 de febrero de 1981 y se consagró en 1982. En su centro tiene su kiosco, el Kiosco Lindavista, que todos ubican como punto de reunión.
Tras el magnicidio de Colosio el 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana, el país entero levantó plazas, bustos, escuelas y colonias con su nombre. Fue el último magnicidio político del siglo XX en México y marcó el fin del viejo PRI. En casi todas las ciudades se hizo algo. Valle de Santiago no fue la excepción: según la memoria oral de los vecinos, en el jardín de la Lindavista se colocó un busto o placa conmemorativa en su honor.
Era un homenaje sencillo, como los muchos que se pusieron en esos años: un busto sobre un pedestal, una placa con su frase más recordada: «Yo veo un México con hambre y con sed de justicia».
Con el paso del tiempo, el monumento desapareció. No hay un acta oficial de su retiro, pero es la historia común de muchos homenajes a Colosio en el país: falta de mantenimiento, vandalismo, cambios de administración municipal y, sobre todo, el olvido político. Como pasó en la propia Lomas Taurinas, donde la Plaza de la Unidad y la Esperanza quedó vacía y en silencio a 32 años del asesinato.
Hoy en la Lindavista queda el jardín, el kiosco y el templo, pero ya no queda rastro visible de aquel rincón dedicado a Colosio.
