DÍA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN…
DESDE, la más remota antigüedad, el hombre buscó la forma de expresarse y manifestar sus ideas. En principio, mediante las señas y gesticulaciones y cuando aprendió a hablar, trato de encontrar la forma de expresar sus ideas, sus sentimientos. Fue un proceso largo que fue perfeccionándose y que no fue sencillo, pues, la libertad de expresión, costaría muchas vidas hasta que, finalmente, se logró plasmar en nuestra Carta Magna.
Hoy, es un derecho constitucional que ejercemos con toda libertad y que con la llegada de las redes sociales, se ha visto trastocado de forma tal, que ahora, con un teléfono celular en la mano, ejercemos esa libertad sin darnos cuenta en que momento, rebasamos la delgada línea que separa la libertad, del libertinaje.
Las redes sociales han permitido que, cualquier persona sin la menor idea de lo que hace, sin conocimiento del poder de esta arma, sin ningún medio de comunicación que lo respalde, sin responsabilidad alguna y sin una ley que lo regule (cosa que si tenemos los que contamos con una trayectoria periodística), se erigen como «periodistas» y se convierten en pontífices de la pluma, sin medir riesgos de lo que dicen y hacen.
Sin darse cuenta de que el poder de la libertad de expresión, es un estilete que puede elevar o matar figuradamente hablando a una persona. Que puede destruir reputaciones, cuando sus ataques van en contra de la vida de una persona o de su familia.
Considerando que esos señalamientos tienen en la mayoría de las ocasiones de gentes sin escrúpulos, sin conocimientos básicos de lo que es esta labor, sin respaldo de algún medio informativo y desde el anonimato, quienes hacen esto, denigran la labor de quienes hemos abrazado esta profesión, como un apostolado.
Y aunque no somos poseedores de la verdad absoluta, creo que nadie la tiene y tenemos errores como cualquier ser humano, nos respalda un medio periodístico y muchos años de experiencia. De estar al pie del cañón, corriendo los riesgos propios de nuestra profesión, en el que muchos compañeros han caído en el cumplimiento del sagrado deber de informar, de manera veraz y oportuna a la ciudadanía, del diario acontecer de un municipio, de una región, de un estado, de un país y hasta del mundo.
Y esta degradación que se da a causa de quienes se sienten todopoderosos por el simple hecho de tener un teléfono y redes sociales, ocasionan la perdida del respeto que antes nos profesaban las autoridades y la misma ciudadanía.
Confundiendo lo que es la noble y difícil tarea de informar, con los chismes de banqueta que dan a conocer esta oleada de nuevos «comunicadores» quienes sin escrúpulos y sin responsabilidad alguna, desde la cobardía del anonimato, se sienten los nuevos dioses de la comunicación cuando no son más que remedos de lo que es verdaderamente un comunicador.
Y desemboca en que luego de ser una profesión respetada, ahora nos ninguneen al compararnos con estos pasquineros de la información cibernética y esto conduzca a muchas autoridades a denigrar esta noble profesión y contratar a quienes han dado al traste con la noble profesión del comunicador.
Y esas autoridades creen que con la creación de una página para difundir sus logros, tienen un enlace con la ciudadanía. Sin ver que al ciudadano le vale un comino, el oficialismo y estas páginas solo sirven para hacer recordatorios maternales a la autoridad en turno.
Recordamos con nostalgia, aquellos tiempos en que las autoridades, los políticos y la sociedad civil, se peleaban el derecho de organizar los homenajes a los comunicadores.
El 7 de junio. DÍA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN han pasado a ser una fecha más, que muy pocos recuerdan y todo gracias a las «benditas redes sociales» que han provocado una verdadera plaga de panfleteros, que se autodenominan «periodistas» son contar con la trayectoria, la experiencia y el respaldo de un medio de comunicación. Felicidades a los colegas que, en su andar, se han convertido en periodistas y que, arriesgando sus propias vidas, han cumplido con la noble tarea de informar
