Siempre hemos sabido que el amor es la mayor fuerza del universo.
Amor es la unión espiritual de almas, es decir, si dos o más seres humanos vivos, que están al unísono vibrando en paz y armonía, se alineen álmicamente.
Es un dar y un recibir, no es un sentimiento de un solo sentido, sino un intercambio.
Así como un ave requiere de ambas alas para volar, lo mismo que un avión, de igual manera, el amor debe ser recíproco para que tenga validez.
De otra manera, simplemente será buscar la aceptación del otro, rogar y mendigar por amor, y no funcionará.
El amor es desinteresado, puro, es dar siempre lo mejor y buscando lo mejor para la otra persona, vibrar al unísono en las mismas condiciones.
Es volar en las alas de la imaginación, en las alturas, cruzando el universo, es ser uno mismo.
Y no hablo únicamente del amor que pueda existir en una pareja, sino en todos sentidos, abarcando el de un progenitor a un vástago y viceversa, entre hermanos, entre amigos, así como Dios lo tiene con nosotros sus hijos.
Y si Dios es AMOR, nosotros que somos sus criaturas, hechos a su imagen y semejanza, en lugar de buscar acrecentar el ego, mejor dejémonos envolver por esta fuerza y seamos agentes del cambio de vibración.
Y como el mismo Jesucristo nos dice:
“A mis discípulos les reconoceréis”, y seamos conscientes de lo que también nos advirtió:
“Les envío como ovejas entre lobos”.
Pero, no es para temer, pues vamos de la Mano de Dios y vibrando en alto, con la verdad y la fuerza del Amor Divino.
Una invitación para primero llenarse uno de amor, empezar a amarse a uno mismo, para poder compartirlo con los demás, pues, nadie da lo que no tiene.
Que Dios guíe tu diario caminar, dando y recibiendo amor.
Arturo Castro Rojas