Cuando nos amamos, pero de manera normal, sin excesos, cuando nos aceptamos tal cual somos, con nuestras debilidades y nuestras fortalezas, donde nos descubrimos imperfectos pero perfectibles, donde no intervenga nuestro ego que justifique, iniciaremos el camino de evolución, superación y entendimiento de todas nuestras pruebas, para con humildad y amor propio, entender la importancia de haber sido puestas en nuestro camino, lo que debemos aprender y así, crecer, para encaminarnos a nuestra misión de vida y nuestra realización.
El aceptar que hay actitudes, ideas, formas de reaccionar, acciones y más, por modificar, mejorar, eliminar, es el primer paso de domar el ego, viéndonos sin justificaciones, y por amor propio, transformarnos en una mejor versión personal, donde brille nuestra luz, sinónimo de nuestra parte divina, desarrollar y perfeccionar nuestros dones y habilidades, cual orugas que salen del capullo transformados en mariposas, para después compartir dicha experiencia transformadora, dándole sentido y valor a todo, como parte de nuestra realización y misión de vida.
Entonces, pregunto:
Qué tanto te amas?, porque nadie da lo que no tiene en su interior, o, vas a seguir en la negación o minimizar lo que reprimes y arriesgarte a enfermar?
Eres libre de tomar tus propias decisiones, de hacer de tu vida lo que desees, Dios nos dió el libre albedrío, pero, no desearías acceder a ser y estar mejor?
