Dialogar es una forma de comunicarse con otras personas, sean familiares, amigos, desconocidos, conocidos e incluso compañeros de trabajo, para tratar uno o varios temas de distinta índole.
Algo muy diferente a un monólogo, donde solo una persona es quien expresa a través de sus palabras lo que desea transmitir y expresar.
A través del tiempo, vemos que en la escuela normalmente es el maestro quien lleva la iniciativa, a menos que permita la interacción de sus alumnos o que deban desarrollar algún tema en específico.
En casa, cuando se es necesario, se puede desarrollar un diálogo y platicar sobre lo que aqueja a cada uno y a toda una familia.
Y lo mismo sucede cuando aprendemos que habrá momentos en que sea necesario nuestro silencio, sea por respeto (por ejemplo, dejar que alguien nos diga todo lo que le aqueja y solo nos pida ser escuchado) y en otras, donde sea necesario para evitar confrontaciones.
Es pues importante acallar nuestros ímpetus, no actuar como caballos desbocados, o incluso pretender imponer nuestro criterio, “nuestra verdad”, pues sería el ego desbordado quien nos conduzca y el resultado sería una falta de educación y respeto de nosotros hacia quien nos dirigimos.
Pues hay conversaciones que nos enriquecen de conocimientos, experiencias y sabiduría ajenos, y que si no sabemos del tema, mejor escuchar y guardar silencio, si acaso para aclarar dudas es que sea conveniente intervenir, y producto de ello elevamos nuestro espíritu y lo disfrutamos.
No así cuando se nos pretenda imponer ideas contrarias a nuestras creencias, valores, ideales, y es ahí cuando sea mejor retirarse y evitar confrontaciones, pues es mejor nuestra paz interior.
Sepamos dónde y con quien dialogamos, dónde guardar silencio y poner atención, donde sí podamos intervenir y donde sea mejor retirarse de ahí,
Que el Creador nos ilumine y sepamos lo mejor que debamos hacer o no hacer.
Bendiciones
Art
uro Castro Rojas |
