Vamos iniciando el último mes del año, también la época de Adviento, es decir, la espera para la llegada del Redentor, la de ese niño que dará la vida por cada uno de nosotros, y aunque es una de las tres diferentes personas de la Santísima Trinidad, siendo Dios, prefirió nacer en un humilde pesebre.
Gran lección que debemos aprender, que, no importa qué tan grande o pequeño seas, tan poderoso o no, la humildad es un valor que debemos tener, y aunque tengas todo el dinero o títulos universitarios, propiedades al por mayor, de nada nos sirve si somos soberbios, y no hablo únicamente de esta temporada, sino que sea parte de nuestra forma de vida.
Saquemos todo aquello que estorbe para dar un maravilloso y amoroso cobijo al Niño Dios que está por llegar.
Dios sea nuestra luz que nos ilumine nuestro diario caminar y sepamos qué hacer a cada paso.
Mi alma te reconoce como un ser de luz, hijo y creación del Altísimo, que reside en ti un alma, una esencia llena de maravillosos dones divinos, es tu Ser Superior que te contacta con tu luz y con el Padre Celestial.
Arturo Castro Rojas
