YURIRIA, GTO.- En el campanario sur del majestuoso ex convento agustino de Yuriria aún se observan impactos de arma de grueso calibre: cicatrices silenciosas que nos recuerdan los pasajes de nuestra historia.
Estos muros han resistido el paso de 486 años, desde la época de la conquista y la evangelización, hasta los movimientos de independencia, las guerras civiles y la Revolución Mexicana. Cada marca es testimonio de los conflictos que atravesó nuestro país y de la fortaleza de este patrimonio que sigue en pie.
Hoy, el convento no solo es un símbolo religioso y cultural, sino también un monumento vivo de memoria colectiva, que nos invita a reflexionar sobre la importancia de preservar y valorar nuestro legado histórico.
Que estas huellas no queden en el olvido: son parte de la identidad de Yuriria y de México.


