Hasta sus últimos días, don J. Carmen García se dedicó con pasión a promover y cultivar las famosas verduras gigantes que dieron prestigio internacional a Valle de Santiago, conocido como “el país de las Siete Luminarias”.
Su empeño no solo mantuvo viva una tradición agrícola única, sino que también proyectó el nombre de la ciudad hacia el mundo, convirtiendo sus cosechas en símbolo de identidad y orgullo comunitario.
Gracias a su trabajo incansable, las tierras fértiles de Valle de Santiago se asociaron con la producción de hortalizas de dimensiones extraordinarias, que atrajeron la atención de visitantes, investigadores y medios internacionales. Don J. Carmen supo combinar el conocimiento heredado de generaciones con técnicas propias, logrando que cada fruto fuera testimonio de la riqueza natural y cultural de la región.
Su legado permanece en la memoria colectiva como ejemplo de amor por la tierra y compromiso con las tradiciones locales. Hoy, recordar su vida es también reconocer el valor de quienes, con esfuerzo y visión, han hecho de Valle de Santiago un referente agrícola y cultural en México y más allá de sus fronteras.
