A 35 años de la explosión sigue viva en al memora de muchos Vallenses
VALLE DE SANTIAGO, GTO.- La madrugada del 19 de septiembre de 1991 los vallenses despertaron con un estruendo que sacudió ventanas y corazones.
Un gasoducto de Pemex había explotado en el predio conocido como La Conchita, y en cuestión de segundos el cielo se tornó rojo, iluminado por llamas que alcanzaban más de 30 metros de altura.
Los testimonios de aquella noche coinciden en un mismo sentimiento: miedo absoluto. Vecinos recuerdan que el rugido de la explosión fue tan fuerte que muchos pensaron en un terremoto, un avión que exploto o la erupción de un volcán.
El desconcierto se transformó en psicosis colectiva: familias enteras salieron corriendo de sus casas, madres con niños en brazos, ancianos apoyados en bastones, jóvenes que gritaban sin rumbo fijo.
«Creímos que el mundo se estaba acabando», relata un habitante que aún conserva el recuerdo vívido de esa madrugada. Otros aseguran que la confusión fue tal que decenas de personas huyeron hacia Salamanca, convencidas de que se trataba de una catástrofe mayor.
La falta de información oficial en esos primeros minutos alimentó el pánico. Nadie sabía con certeza qué había pasado ni si habría más explosiones. El miedo se propagó como las llamas, dejando una ciudad entera sumida en la incertidumbre.
Aunque el siniestro fue controlado y no se reportaron víctimas mortales, el impacto psicológico fue profundo. La explosión no solo dañó la infraestructura, también dejó una cicatriz en la memoria colectiva de Valle de Santiago: la madrugada en que el silencio de la ciudad se rompió con un rugido de fuego y la población vivió una psicosis masiva que aún se recuerda con estremecimiento
